24 Septiembre, 2026
El voluntariado que abre caminos a la inclusión
Salir de excursión, participar en un taller de teatro, disfrutar de unas vacaciones o sentarse a conversar. Son actividades cotidianas que, para muchas personas con discapacidad, requieren contar con los apoyos adecuados. En Fundación Dfa, 124 personas voluntarias contribuyen a hacerlas posibles.
«Las personas voluntarias son el alma y un pilar fundamental», explica Patricia Gascón, responsable de los Centros Socioculturales de Fundación Dfa. Su presencia aporta «calidad y calidez humana» y favorece un cambio de mirada sobre la discapacidad. «Quienes se incorporan empiezan a detectar barreras que antes pasaban desapercibidas», señala.
Los talleres de manualidades, teatro y otras propuestas de ocio son espacios para aprender, divertirse y relacionarse. Judit Millán, con poco más de veinte años, ha encontrado en ellos un lugar de amistad y convivencia. Ha comprobado cómo los apoyos adecuados favorecen la autonomía y la independencia. «La discapacidad no es un muro sino un entorno natural», opina.
Esa compañía resulta igualmente importante al salir de los centros habituales. Excursiones, viajes y vacaciones permiten descubrir nuevos lugares y vivir experiencias compartidas. Teresa Solera trabaja como auxiliar en un centro de día de Dfa y, desde 2024, compagina esa labor con el voluntariado. «Quería compartir también el tiempo de ocio de estas personas», explica. Desde entonces, es habitual en salidas, excursiones y viajes.
En la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital Miguel Servet, la música y el entretenimiento abren un paréntesis en la rutina de pacientes y familiares. Mariano Guallar lleva más de diez años acudiendo cada quince días para colaborar en estas propuestas, ya convertidas en una cita habitual.
En residencias y centros de día, lo importante está en lo más sencillo: una conversación, un paseo o un gesto de complicidad. Lo sabe bien Miguel Laborda, ingeniero jubilado que comenzó a colaborar al finalizar su vida laboral como «una nueva forma de sentirme útil». Ana Román decidió continuar ligada al voluntariado tras terminar su etapa como trabajadora de la entidad. Para ella, todo se resume en una palabra: «vínculo».
Para incorporarse al equipo no hace falta experiencia previa. «Lo esencial es tener empatía, respeto y ganas de compartir», explica Gascón. Es necesario ser mayor de edad o tener 16 o 17 años y contar con autorización del padre, la madre o el representante legal. El proyecto forma parte de los programas de interés social en Aragón, con cargo al 0,7% del IRPF y del Impuesto sobre Sociedades. Más información en el 976 59 59 59 o en voluntariado@fundaciondfa.es.