31 Diciembre, 2025

'Phubbing parental': cuando el móvil rompe el vínculo con la infancia

Madre mira el móvil con niña en brazos

En un parque, en casa o en la sala de espera de un centro de salud se repite una escena cotidiana: un niño quiere compartir un descubrimiento mientras la persona adulta a su lado mantiene la mirada en el móvil. Este gesto, tan normalizado, tiene nombre: “phubbing” parental. Y no se trata de culpar, sino de comprender el impacto que tiene en la infancia. Porque cualquiera, en algún momento, hemos sido esa persona adulta que responde «espera un segundo» sin levantar la vista de la pantalla cuando un peque reclamaba nuestra atención.

Según explicó la psicóloga Yasmina Fau, del Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana de Fundación Dfa, durante la Jornada de Formación de Atención Temprana 2025, los datos revelan la amplitud de este fenómeno. En un estudio realizado en un parque infantil, el 76% de los adultos usó el móvil durante apenas 20 minutos de observación. En España, uno de cada cuatro adolescentes dice sentirse ignorado por sus padres por culpa del teléfono, según datos de la Universidad de Zaragoza, y más de la mitad de las familias reconoce que las pantallas reducen su tiempo de interacción (Informe Qustodio 2023).
Detrás de cada cifra hay momentos muy concretos: un cuento interrumpido, un juego que pierde ritmo, un gesto del niño que nadie responde. No son grandes fallos, pero sí pequeños cortes repetidos que acaban dejando huella.

El móvil no solo roba tiempo: roba presencia, y en la infancia la presencia lo es todo

Fau recordó que el móvil no solo roba tiempo: roba presencia. Y en la primera infancia la presencia es esencial. Los niños necesitan miradas que respondan, gestos que acompañen, una atención que sostenga su curiosidad y les permita construir un apego seguro. Cuando la atención adulta se desvía hacia la pantalla, esa conexión se rompe: el niño inicia un contacto que no obtiene respuesta y la experiencia de aprendizaje se empobrece. Lo que parece un instante sin importancia se vuelve rutina y puede traducirse en menos lenguaje, vínculos más inseguros, frustración o conductas más desreguladas.

Acompañar y no juzgar

Pero el origen no es la falta de amor, sino el cansancio. La vida diaria, la multitarea y la falta de apoyo empujan al móvil como refugio rápido. Es fácil caer sin darse cuenta. La buena noticia es que no se necesita perfección, solo intención.

Fau propuso crear momentos sin móvil —durante el juego, las comidas o la rutina de dormir— y designar espacios libres de pantallas, como la mesa o la habitación del niño. También usar el móvil con un propósito claro, evitar el scroll automático, cuidar las rutinas de sueño y, sobre todo, dar ejemplo: los niños aprenden mirando.

El 'phubbing' parental no se cambia desde la culpa, sino desde la empatía y la conciencia

Aquí los profesionales de atención temprana tienen un papel fundamental. No se trata de juzgar, sino de acompañar a las familias, ayudarlas a tomar conciencia, reforzar sus competencias y crear redes de apoyo. El phubbing parental no se cambia desde la culpa, sino desde la empatía.

Este fenómeno forma parte de nuestra cultura y no desaparecerá del todo, pero los pequeños cambios marcan una gran diferencia. La presencia adulta es uno de los mayores regalos para un niño. Como recordó Fau citando a Thich Nhat Hanh:
«El regalo más precioso que podemos ofrecer a cualquier persona es nuestra atención».
Tal vez el reto sea justamente ese: recuperar la atención, dejar el móvil a un lado y volver a mirar a quienes nos buscan con ojos grandes y un mundo por descubrir.

Esta difusión se incluye dentro del Programa de Atención y Apoyo a las Familias en Aragón, realizado por entidades sin ánimo de lucro de la Dirección General de Familias, Infancia y Natalidad del Gobierno de Aragón.