16 Abril, 2026
'Historias de vida', una imagen de lo que hoy somos las personas con discapacidad
Coincidiendo con el 50 aniversario de la creación de la Fundación Dfa, 12 personas con diferentes discapacidades hemos permitido que nuestras vidas sean observadas por 12 profesionales de la Asociación de Fotoperiodistas de Aragón.
Nuestros días buenos y malos, nuestras alegrías y cansancios, nuestros afectos y nuestros sueños, nuestros miedos y esfuerzos. Vivimos de forma distinta, no pretendemos representar a nadie, ni ser ejemplo de nada, pero sí queremos que nos conozcáis. Hemos sido fotografiados desde el respeto y el aprecio, el rigor y la honestidad de quienes saben que el estereotipo no es una opción. Porque conocer nuestras vidas nos acerca, nos hermana y nos une. Queremos transmitir vida con estas fotografías, nuestras 'Historias de Vida'.
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Las 12 historias de vida
Paz Gómez Giménez (por Gervasio Sánchez)
A Paz le encanta el mar, la piscina, montar a caballo e ir al colegio
Nacida el 13 de junio de 2016, padece Atrofia Muscular Espinal (AME) tipo 1, grave enfermedad rara, primera causa de mortalidad infantil en los dos primeros años de vida. Hay unos 1.500 casos de AME en toda España y unos 20 en Aragón. Paz estudia cuarto de primaria y vive con su madre Paz Giménez Videgain, enfermera, su padre Valerio Gómez García, ingeniero industrial, y su hermano Valerio Gómez Giménez, estudiante de 4.o de la ESO. Entre los tres y seis meses estuvo varias veces internada en el hospital. Incluso sufrió un infarto por culpa de la incapacidad respiratoria.
Paz se benefició de un tratamiento que se encontraba en fase de investigación y que estaban recibiendo unos 15 niños. En su caso se utilizó el protocolo de uso compasivo porque su estado era muy grave. A Paz le encanta el mar, la la piscina, montar a caballo e ir al colegio.
Ana Cris Sánchez (por Jesús Antoñanzas)
La palabra y la amistad: armas frente a la ELA
Ana Cris, de 55 años, es una mujer vital e inteligente, prisionera de un cuerpo que no responde. Aunque la ELA la obliga a depender de cuidados las 24 horas –un coste económico altísimo que denuncia como activista–, su mente y su ironía siguen intactas. Para ella, la amistad es el centro de todo; sus amigas no solo la acompañan, sino que adaptan cada vermú o fiesta a su nueva realidad. Su fuerza reside en la palabra. Es tajante: si perdiera la capacidad de comunicarse, elegiría la eutanasia.
«Sin decir lo que pienso, no seguiría viviendo», afirma, aunque la duda siempre asome al hablar del final. Lo que nació como un proyecto profesional entre nosotros se transformó pronto en un ‘flechazo’ intelectual.
Hoy, esa barrera laboral ha desaparecido para dar paso a una amistad profunda y personal que, más allá de cualquier trabajo,
me impulsa a querer acompañarla siempre.
Beatriz Mansilla (por Alfonso Reyes)
Bea, vidi, vinci
Beatriz Mansilla nació el 7 de agosto de 1981 en Zaragoza. A los 2 años y medio, una descarga eléctrica le provocó parálisis cerebral, afectando su movilidad y obligándola a usar silla de ruedas desde entonces. «Soy una persona igual que tú, solo tengo una diferencia: una silla pegada al culo», afirma con naturalidad. Encontró en el deporte un camino de superación, primero en la natación, donde logró varios campeonatos, y más tarde en el piragüismo: fue paracanoe del año en 2024.
Apasionada de la lectura, autora y dibujante, Bea entiende la creatividad como refugio. Defiende vivir el presente –carpe diem– y mirar la vida desde su realidad le ha enseñado a reconocer lo esencial: las personas que de verdad importan.
Teresa Bozena Swatek (por Ana Palacios)
Serenidad y meriendas con amigas aunque el cansancio avance
Teresa Swatek (Polonia, 1978) vive en Monreal del Campo (Teruel) y padece esclerosis múltiple primaria progresiva. Llegó a España con su pareja y decidió quedarse cuando su hijo nació con un problema en el labio que podía ser operado aquí. «Fue duro porque yo no entendía el idioma», recuerda. En 2015 comenzaron los primeros síntomas: cansancio, visión borrosa y pérdida de fuerza en las manos. Tras dos años de pruebas médicas, llegó el diagnóstico.
Hoy su autonomía es muy limitada y depende de la ayuda domiciliaria y de su entorno cercano. Aun así, intenta mantener pequeñas rutinas y preservar su vida social en el pueblo. «Por la tarde vienen amigas, merendamos…, a veces estamos cuatro o cinco ‘brujas’ aquí», dice con humor. Aunque cada vez se siente más cansada, Teresa afronta la evolución de la enfermedad con serenidad.
Fernando Galé (por Chus Marchador)
Constancia que transforma
Fernando Galé descubrió en el tiro con arco una forma de reconstruir su vida tras el accidente que sufrió escalando. Desde entonces, este deporte se ha convertido en su eje, no solo como práctica personal, sino también como espacio de enseñanza y crecimiento. En Zaragoza entrena, compite a nivel nacional y da clases a jóvenes, a quienes transmite disciplina, constancia, confianza y pasión. En el camping Oto del Pirineo mantiene el vínculo con un lugar esencial desde su infancia. Acude siempre que puede para disfrutar de su familia y de sus amigos, así como de unos días de desconexión.
Su historia demuestra que, ante un cambio radical, es posible reconstruir la vida y seguir adelante con fuerza.
María Ángeles Longares (por Cris Aznar)
Independencia cotidiana
María Ángeles Longares Laban, conocida como Geles (1980), vive con artrogriposis congénita severa. Se define como una persona «luchadora y reivindicativa», que pelea por sus derechos y defiende su autonomía en un entorno que no siempre está preparado.
Al emanciparse, lo primero que dijo fue: «Viva la independencia», una frase que resume su manera de estar en el mundo. Defiende que las personas con discapacidad «no somos ni más ni menos, somos personas con necesidades distintas». Cada día insiste en hacer las cosas por sí misma, aunque suponga más esfuerzo, porque no le gusta depender de nadie. Su historia habla de determinación, identidad propia y de una forma de estar en el mundo basada en sostener su independencia
y reclamar su lugar sin pedir permiso.
Héctor Manuel Moreno (por Verónica Lacasa)
Pasión por viajar y conocer nuevos lugares
Héctor Moreno Jaime, nace en Zaragoza el 10 de agosto de 1975. Las complicaciones que sufre en el parto le llevan a tener parálisis cerebral. Pasa su infancia entre hospitales y operaciones para estar mejor físicamente. «La vida al nacer con una parálisis cerebral no es fácil», dice. Hasta los 14 años vive en Zaragoza con su familia, que se traslada a vivir a Sabiñánigo por motivos laborales. Es aquí donde empieza a tener amigos y relacionarse con los demás.
Termina sus estudios de EGB, que enlaza con la granja escuela de Jaca, a los 16 años. A Héctor le gusta conversar de la vida, el cine, leer, pero su gran pasión es viajar. Lo descubre cuando va a los centros de Logroño y Cádiz a cursar diseño gráfico, internet e imagen y sonido, lo que le proporciona autonomía, autoconocimiento y libertad. A sus 51 años, sigue teniendo su residencia en Sabiñánigo, allí pasa su tiempo compartiendo café con amigos, visitando la biblioteca para alquilar
películas y programando viajes para descubrir nuevos lugares.
Milagros Jeniree (por Javier Escriche)
Familia, obstáculos y aprendizajes
La relación de Milagros con su madre es muy especial: nunca se separan y siempre han salido adelante como si fueran una sola. «Mi mamá la tengo como la mujer maravilla, cuando llega, se come el mundo. Me ha enseñado a no rendirme, a que no vea las dificultades, que uno puede lograr muchas cosas en la vida con ganas y fuerza. Nunca le he visto una mala cara, un mal gesto, siempre me ha ayudado y le tengo una admiración y un respeto... Todo lo que hago lo hago por ella».
A Milagros le entristece que algunas personas muestren comportamientos poco empáticos hacia quienes utilizan silla de ruedas. Está inmersa en un proceso de aprendizaje en muchos sentidos: ha retomado estudios que tenía abandonados y sigue cursos de capacitación laboral. «Veo una oportunidad muy grande al formarme para trabajar, creo que ahí avanzaré en mi soltura y mis capacidades».
Nicolás Medina (por Francisco Jiménez)
Humor y ritmo
Nicolás Medina es un chaval encantador,educado y amable. En 2025 ha cumplido 22 años. Una edad perfecta para hacer y no hacer nada, para leer, para estudiar, amigos, familia, incluso para los primeros amores. Tiene chispa y un sentido del humor incisivo. Es un andarín y, al caminar, su cadencia es musical, como un tintineo alegre. Como cualquier muchacho de 22 años, no suelta el móvil. Su actividad es tranquila pero intensa, está diagnosticado con trastorno de hiperactividad, aunque le gusta llevar un ritmo que él mismo llama «caribeño». En el 2025 ha terminado una cualificación inicial de textil impartida en un centro de Dfa, pero la perspectiva está clara: él quiere trabajar, aunque obtener un trabajo va a ser un proceso complicado. Tiene la filosofía para lograrlo.
Pamela Smit (por Javier Belver)
Hay vida en otro planeta Y un día descubres que no eres superwoman. Todo va bien, eres joven, estudias y tienes don de gentes. Viajas y viajas y, en cada viaje, descubres nuevos amigos y nuevas realidades; eres joven y fuerte, no hay obstáculos y los que hay, los saltas todos, como en una carrera de vallas, limpiamente. Pero un día tropiezas, y notas que no es ese tropezón tonto, de ir distraído. Algo no va bien, pero allá va superwoman. De un lunes a un martes, tu realidad cambia de planeta.
¿Cómo nos enfrentamos a una disminución de nuestras capacidades de un día para otro? En el caso de Pamela Smit, Pam, solo se fue a la luna, otra realidad, pero cercana. En todo caso, está claro, adaptarse a otro entorno, a otra atmósfera, lleva su tiempo y, sobre todo, se necesitan herramientas. Un andador y amigos, nuevos retos, ilusión y la capacidad de hablar con tu cerebro, con aquella superwoman. Dejar las mallas y coger las rueditas, como aquellas primeras veces que nos subimos a una bicicleta y descubrimos un nuevo mundo.
Sergio Pamplona (por Cintia Sarría)
El deporte como motor de vida
Sergio Pamplona destaca por su carácter activo, su curiosidad y su constante afán de superación. Ha practicado baloncesto y remo adaptado y, en la actualidad, entrena handbike y acude al gimnasio con regularidad. Mantiene una actitud inquieta y en continua formación. Cuenta con estudios en el ámbito administrativo y tecnológico, tanto reglados como autodidactas, y su principal objetivo es acceder a un empleo acorde con su preparación. A largo plazo, aspira a seguir progresando en la handbike, el deporte que más le aporta. Autónomo en su día a día, encuentra en el deporte un pilar fundamental para su bienestar físico y emocional. «Sé que formar parte de este proyecto es algo importante, y no solo para mí; por ello me siento muy contento y satisfecho», señala.
Pilar Rivarés (por Javier Blasco)
Una campeona que desafió los límites desde la infancia
Pilar tiene una discapacidad desde los 6 años, cuando, a causa de un cáncer infantil, le tuvieron que amputar una pierna. Nunca ha sido un obstáculo para exprimir la vida. Tras el instituto, se diplomó en Magisterio y, unos años más tarde, logró ser licenciada en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. En la actualidad es profesora de instituto. Para ella, el deporte es muy importante, hacia los 12 años empezó en el esquí de forma autodidacta.
Durante 10 años compitió en el equipo paralímpico español, disputando los juegos olímpicos de Lillehammer y campeonatos de Europa y copas del mundo; fue varias veces campeona de España. Pero la mayor tarea de Pilar es ser madre de dos hijas de 15 y 21 años. Algo que tenía claro Pilar antes de ser madre era que tenía que ser autónoma.
'Historias de vida', por Marta Valencia (presidenta de Fundación Dfa)
En abril de 1976 un grupo de jóvenes zaragozanos con discapacidad física decidieron tomar las riendas de sus vidas ante la situación social de discriminación que vivían cada día y al considerar que no tenían ningún derecho más allá de lo que la caridad o la beneficencia pudieran ofrecerles.
Constituyeron una asociación que sirviera para canalizar sus dos principales demandas: tener los mismos derechos que el resto de la ciudadanía y vivir una vida de manera plena y autónoma, aspiración que se centraba en el
derecho a tener un trabajo digno. Tras las primeras dificultades para constituir legalmente la asociación, ya que solo uno de ellos había cumplido los 21 años, la mayoría de edad en aquellos años, nacía Disminuidos Físicos de Aragón (Dfa).
Los primeros años desarrollaron acciones fundamentalmente reivindicativas con el fin de dar a conocer la asociación. Además de estar presentes en todas las movilizaciones sociales que se producían en aquellos años convulsos, se desarrolló una intensa campaña de captación de socios entre las personas con discapacidad física. Se era consciente de que un mayor número de asociados y asociadas permitiría un mayor reconocimiento social y tener una interlocución directa con las administraciones públicas para influir en la acción política.
Aunque hubo cambios legislativos que generaron un marco propicio para la mejora de la vida de las personas con discapacidad, como la Ley 13/1982 de integración social de los minusválidos, conocida como Lismi, la sociedad no evolucionó con la misma rapidez y costó mucho eliminar los prejuicios como si fuera más difícil que aprobar una ley en el Congreso de los Diputados.
Sus responsables decidieron convertir Dfa en una asociación prestadora de servicios, con un objetivo fundamental que se ha mantenido hasta nuestros días: la generación de empleo para personas con discapacidad física.
En 1984 se crea el primer puesto de trabajo de una persona con discapacidad física en un quiosco de prensa. Un año más tarde, Dfa obtuvo su reconocimiento como Centro Especial de Empleo. A partir de ese momento convivieron durante el resto del siglo XX dos líneas de acción. La primera desarrolló una fuerte presencia social de carácter reivindicativo basada en la reclamación de derechos y la eliminación de barreras arquitectónicas. La segunda se centró en la creación de servicios y actividades con el objetivo de facilitar empleo y atender las necesidades de las personas con discapacidad. Se abrió una bolsa de empleo. Pero, puesto que no solo de pan vive el hombre, surgieron otros servicios que prestaron atención al resto de las demandas de las personas con discapacidad como el centro de apoyo social, el de formación, el desarrollo de actividades socioculturales, el centro ocupacional o la primera residencia.
El cambio de siglo coincidió con un amplio conocimiento social, una reputación muy consolidada y una alta profesionalización. Se multiplicaron las actividades y se ampliaron los servicios de atención a las personas con discapacidad. Se inició una nueva línea reivindicativa y de acción dirigida a las niñas y mujeres con discapacidad y se apostó decididamente por el trabajo en red con el resto de las entidades del colectivo de la discapacidad. Se decidió cambiar de estrategia para garantizar la supervivencia y la sostenibilidad de Dfa. Se dejó atrás el modelo asociativo y se constituyó como una fundación.
Y así llegamos a lo que es hoy, 50 años después de su creación, Fundación Dfa, donde se mantienen los mismos fines e inquietudes de los fundadores. En Aragón, la fundación está formada por casi 800 trabajadores y trabajadoras, 120 voluntarias y voluntarios y más de 10.000 personas usuarias.
Sin duda, se ha avanzado mucho en estos 50 años y Dfa ha sido protagonista de esos cambios, aunque queda mucho trabajo que hacer para conseguir la eliminación de los prejuicios, la inclusión laboral y la accesibilidad universal.
Hay que seguir poniendo en valor la fortaleza de las personas frente a la discapacidad con ánimo reivindicativo, pero también hay que colaborar activamente en la puesta en marcha de iniciativas que favorezcan la inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad.
Inclusión
Y nada hay que facilite más la inclusión como mostrar quiénes son las personas con discapacidad. Con cierta frecuencia, cuando se habla de las personas sin discapacidad se les denomina personas «normales». Pero, ¿qué es la normalidad? ¿Qué cualidad o característica te otorga que puedas ser considerado como «normal»? Estas fotografías quieren precisamente eso, hablar de la normalidad de 12 personas con discapacidad física que, durante un año, han sido fotografiadas para mostrar quiénes son y cómo viven.
Queremos dar una imagen de lo que hoy somos las personas con discapacidad, fuera de estereotipos porque hemos salido
a la luz tras muchos años de estar escondidos y queremos reivindicar que somos como tú.
Son 12 y solo pretenden contar su historia y, sobre todo, transmitir vida. Por eso son 'Historias de Vida'.