7 Mayo, 2026
Más allá de la barrera: empleo inclusivo en los parkings
La barrera se levanta cientos de veces al día en los parkings de Aragón. Es un gesto mecánico, casi invisible, pero detrás de cada apertura hay algo más que la entrada de un vehículo. En los aparcamientos que gestiona Fundación Dfa, levantar barreras significa también abrir oportunidades de empleo para más de un centenar de personas con discapacidad que trabajan con responsabilidad y presencia cotidiana en la ciudad.
Dfa gestiona o presta servicios en 22 parkings repartidos entre Zaragoza, Huesca, Jaca y Teruel. Desde el asiento del conductor no siempre se ve lo que hay detrás de la barrera: personas que sostienen el funcionamiento diario de estos espacios tan comunes en el paisaje de las ciudades. Cinco de estos aparcamientos son de gestión directa: Colegio del Salvador, Plaza de Toros y Expo, en Zaragoza, y los de plaza de San Juan y La Glorieta, en Teruel. En ellos, la entidad asume la gestión completa. En otros casos, presta servicios integrales o tareas específicas de control y limpieza.
«Nuestro trabajo consiste en que todo funcione y, al mismo tiempo, en derribar barreras invisibles, como la desconfianza hacia la capacidad laboral de las personas con discapacidad», explica Santiago Guerrero, responsable del área de empleo de Fundación Dfa.
«Nuestro trabajo consiste en que todo funcione y, al mismo tiempo, en derribar barreras invisibles, como la desconfianza hacia la capacidad laboral de las personas con discapacidad»
Trabajo real con exigencias reales
La plantilla destinada a los aparcamientos está formada por 102 personas, todas con discapacidad o una incapacidad permanente laboral reconocida, que desempeñan funciones de atención al público, control de accesos, mantenimiento y limpieza. No se trata de puestos simbólicos: son trabajos con horarios, responsabilidades y presión diaria. Lo sabe bien Elías Sobrecasas, bailarín, coreógrafo y profesor de danza hasta que un linfoma truncó su carrera. Tras superar la enfermedad, las secuelas de la quimioterapia le provocaron una neuropatía periférica que afecta a sus manos y pies. Con incapacidad permanente total para su profesión, hoy trabaja como controlador en un parking de gestión directa de Dfa. «Me he adaptado muy bien, soy muy positivo y sigo adelante aunque sea por otro camino», explica. Sobre su actual empleo, valora especialmente el contacto con las personas, propietarios y trabajadores del hospital, y transeúntes: «No siempre se genera amistad, pero sí un trato cercano».
«Me he adaptado muy bien, soy muy positivo y sigo adelante aunque sea por otro camino»
El caso de Marta Ochoa tiene similitudes. Con 42 años, una enfermedad rara que afectaba a sus cervicales y a su médula espinal derivó en incapacidad permanente total para ejercer como supervisora en una residencia. «Es un trauma porque te quedas en un limbo y no sabes si vas a encontrar trabajo», recuerda. Hoy, con 57 años, forma parte del equipo de refuerzo de los parkings de Zaragoza. Su situación le permite estar siempre disponible para cubrir bajas o picos de trabajo. «Yo voy a trabajar contenta cada día», asegura. Marta destaca que el desempeño en un parking requiere habilidades sociales para el trato con las personas usuarias, «desde los amables hasta los más enfadados», e incluso resolver situaciones inesperadas, como los animales que son abandonados en el aparcamiento.
Detrás de cada acceso, una oportunidad
Además de los parkings gestionados directamente, Fundación Dfa presta servicios integrales en espacios como la plaza San Francisco, el subterráneo de Padre Arrupe, la plaza Biscós de Jaca o el parking de la Universidad de Huesca, y realiza labores de control y limpieza en otros 13 aparcamientos de Zaragoza y su entorno. Una red diversa, con contextos distintos, pero con un mismo enfoque.
«Cada parking es una pequeña ciudad», señala Guerrero. «Cada persona que trabaja en ellos tiene un papel clave. Cuando la barrera se levanta, no solo entra un coche: se demuestra que la inclusión funciona cuando se basa en empleo real».
«Cuando la barrera se levanta, no solo entra un coche: se demuestra que la inclusión funciona cuando se basa en empleo real»
Desde fuera, un parking es solo hormigón, señalización y tráfico. Desde dentro, es un espacio donde se cruzan turnos, responsabilidades, nervios, trato con el público y muchas historias personales. Historias de personas que durante años se encontraron con barreras para acceder al mercado laboral. Hoy, esas barreras se abren y se cierran varias veces al día. Con cada gesto se normaliza algo tan sencillo —y necesario— como trabajar.
