15 Enero, 2026
Doris Sanz: «La bomba de insulina o el medidor de glucosa pueden fallar, pero no el olfato de un perro de alerta médica»
«Es mi sombra y un poco también mi ángel de la guarda». Con esta frase, clara y sin adornos, Doris Sanz resume la relación con Laurita, la perra de alerta médica que le permite vivir —y trabajar— con una cierta seguridad. Desde hace dos años, esta catalana afincada en La Puebla de Alfindén acude puntual cada mañana a su puesto en el Departamento de Estudios Sociales y de Mercado de Fundación Dfa, acompañada por su fiel escudera, siempre atenta a cualquier señal que pueda indicar una descompensación de azúcar en sangre en el organismo de su dueña.
Doris convive con lo que describe como una «diabetes pluricomplicada», difícil de encajar en los diagnósticos habituales. Aunque lleva una vida saludable, su organismo reacciona de manera imprevisible. «No soy ni un tipo 1 ni un tipo 2, y me pasan situaciones a las que los médicos no encuentran respuesta», explica. A partir de los 42 años —hoy tiene 54— las bajadas de azúcar se volvieron tan bruscas que llegaron a poner en riesgo su vida. Fue entonces cuando Laurita, que en principio era solo una mascota especialmente equilibrada y obediente, se convirtió en una aliada inesperada.
La experiencia de Doris en la educación canina y el agility le hizo reconocer las cualidades de Laurita, pero desconocía la existencia de perros entrenados específicamente para detectar cambios metabólicos. Una instructora de Barcelona fue quien le reveló ese potencial que esconden: Laurita tenía las aptitudes necesarias para convertirse en perra de alerta médica. Tras evaluaciones y un programa de adiestramiento que puede prolongarse desde los seis meses hasta un año, la perrita aprendió a identificar variaciones en glucosa mediante el olor de la saliva y la sangre de su dueña. Y, a partir de ahí, llegaron otras habilidades: acercarle el glucómetro, pulsar el botón de teleasistencia o recoger objetos pequeños del suelo, una ayuda especialmente valiosa para Doris y sus problemas por una retinopatía diabética.
«La primera vez que tuve convulsiones fue Laurita quien pidió ayuda pulsando el botón de teleasistencia»
La primera demostración real de lo importante que puede ser Laurita llegó incluso antes de estar acreditada como animal de asistencia. Una noche, Doris sufrió una bajada severa que la dejó al borde del coma. «Comencé a convulsionar y me quedé prácticamente inconsciente», recuerda. Su perrita reaccionó llevándole sobres de azúcar y activando el botón de teleasistencia. «Si no hubiese sido por ella, quizá no estaría aquí», asevera. Desde entonces, la presencia de Laurita no es solo compañía: es un elemento de seguridad imprescindible.
Esa misma confianza la acompaña en su día a día. Laurita viaja con ella en el coche, aguarda paciente en la oficina y se activa solo cuando detecta una alteración. Sus avisos pueden llegar en forma de ladridos, pequeños toques con el hocico y, sobre todo, rascando con sus patitas. «A lo largo de la jornada laboral mi estado puede cambiar de golpe; tenerla conmigo me da mucha tranquilidad», apunta Doris, quien añade que «la bomba de insulina o el medidor de glucosa pueden fallar, pero no el olfato de un perro de alerta».
A pesar de su eficacia, Doris lamenta el «gran desconocimiento» que aún existe en la sociedad en relación a estas mascotas tan especiales. «No solo son útiles para personas con diabetes. También pueden anticipar crisis epilépticas o choques anafilácticos», destaca.
«Este tipo de perro no solo es útil para personas con diabetes: también pueden anticipar crisis epilépticas o choques anafilácticos»
Más allá de eso, Doris también pone el foco en la falta de sensibilidad social que la ha llevado a vivir situaciones incómodas en el transporte público o en comercios. «En una ciudad como Barcelona tuve que pelear con algunos conductores de autobús por poner problemas a que accediera con mi perra. Ahora prefiero evitar conflictos que puedan alterarme el azúcar», admite.
Mientras tanto, Laurita continúa desempeñando su labor silenciosa, firme y constante. Un ejemplo vivo de cómo, además de ser un animal de compañía, es capaz de convertirse en un apoyo que salva vidas.